La obra de Carl Jung se mete en la Facultad de Psicología

Por segundo año consecutivo se dictará un curso intensivo para conocer la historia y las aplicaciones actuales del método creado por el reconocido psiquiatra suizo.

Florencia O’Keeffe

Por Florencia O’Keeffe

Entusiasmada. La psicóloga Gabriela Milatich desea difundir la obra de Jung. 

Entusiasmada. La psicóloga Gabriela Milatich desea difundir la obra de Jung. Sebastián Suárez Meccia

Domingo 15 de Diciembre de 2019

“Los años en los que seguí mis imágenes internas fueron la época más importante de mi vida y en la que se decidió todo lo esencial (…) Toda mi actividad posterior consistió en elaborar lo que había irrumpido en aquellos años en mi inconsciente y que en un primer momento me desbordó. Era la materia originaria para una obra de vida. Todo lo que vino posteriormente fue la mera clasificación externa, la elaboración científica, su integración en la vida. Pero el comienzo numinoso, que todo lo contenía, ya estaba allí”. Eso escribía Carl Gustav Jung en 1957 en referencia a su famoso manuscrito producido con palabras y dibujos entre 1914 y 1930, pero recién publicado hace diez años.

Son más de 400 páginas contenidas en tapas de cuero rojo en un tamaño que no es sencillo de transportar. Pero Gabriela Milatich, psicóloga, experta en la obra del médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, llega a la entrevista con ese libro enorme, y lo pone sobre la mesa como si fuera un tesoro.

Milatich está contenta porque termina el año con una buena noticia: la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario acaba de aprobarle por segundo año consecutivo el dictado del Curso de Introducción a la Psicología Analítica de Carl Gustav Jung, algo que consiguió por su insistencia y compromiso con la obra del psiquiatra, y el aval de la secretaría de extensión universitaria de la casa de estudios.

Es psicóloga desde hace más de 20 años y antes de recibirse empezó a interesarse por el pensamiento y los libros del padre de la llamada psicología analítica, psicología de los complejos o psicología profunda. “Tengo una formación de grado muy vinculada a Freud y a Lacan, como la mayoría de los egresados. Freud sigue siendo un pilar importantísimo, no lo niego. Incluso Jung nunca dejó de nombrarlo y aunque han tenido desacuerdos en distintos aspectos de la teoría, nunca dejaron de reconocerse y de ser amigos”, cuenta.

Buscando otros horizontes, la profesional comenzó a leer todo lo que encontraba sobre Jung. “En un principio me aboqué a la línea de estudio de religiones comparadas y al investigar en esta temática me lo crucé a Jung. Me metí de lleno, fui haciendo mi carrera de grado y mis lecturas”, menciona.

Milatich destaca que en la Argentina la psicología analítica no está demasiado explorada pero que en Estados Unidos y en países de Europa, como España, hay importantes centros junguianos, que tienen cada vez más adeptos.

La psicóloga, que además está dirigiendo una tesis vinculada al arte rupestre y cómo este se relaciona con el inconsciente y los arquetipos, habla en esta nota sobre la obra de Jung, su aplicación en la actualidad, su vigencia y la importancia de El libro rojo, el emblemático trabajo del psiquiatra y psicólogo.

—¿Con qué lecturas arrancaste?

—Con el Secreto de la flor de oro y Psicología y alquimia. Todavía no estaba editada la obra completa de él, entonces me la pasaba buscando materiales, averiguaba en editoriales, en librerías, y leía lo que encontraba. Hasta que en 2012 se abrió el primer posgrado de Psicología Analítica Junguiana en la Universidad Nacional de Córdoba. Hice dos posgrados diferentes y a partir de ahí me dediqué con todo.

—¿Qué te atrapaba de esta obra?

—El estudio de todas las religiones y su sabiduría y el uso del símbolo como símbolo universal. El hecho de tomar el caudal cultural de todas las culturas (valga la redundancia) y cómo eso lleva al arte, a la expresión artística. Estos conceptos me parecieron maravillosos. El arte terapia está muy involucrado con la práctica de la psicología analítica (llevada adelante por los posjunguianos). Jung pedía a sus pacientes que aplicaran la imaginación activa, que es el método de la psicología analítica, y junto a eso, usaba la amplificación con la que llevaba a las personas a que pintaran sus sueños, los dibujaran, a que contaran sus experiencias oníricas. El veía cómo a través de dibujo, de la expresión escrita se pueden dar cambios sustanciales en las personas, y desde ya, siempre con una conexión con el inconsciente colectivo. Si empezás a pintar los sueños te das cuenta de que todos los símbolos de todas las culturas de todos los pueblos aparecen en el vivir del soñante y en la vida diurna a través de la fantasía, y eso lleva a modificaciones en la vida cotidiana, a un encuentro que tiene que ver puramente con lo vivencial, con la experiencia. Sabemos que una imagen puede contener más que mil palabras y que conecta con algo que es de uno mismo. Es una experiencia trascendental. Y es la trascendencia, quizá, la palabra que mejor define a la psicología analítica. Este es un ámbito muy explorado por Jung que lo profundizó a nivel teórico pero también a nivel vivencial. Esa fue la esencia del Libro Rojo…

—¿Por qué se explora poco Jung en el transcurso de la carrera de psicología?

—Yo creo que por desconocimiento. No hay otra explicación. No me parece que haya resistencias ni nada de eso. El Libro Rojo y toda la obra de Jung están relacionados, en los primeros años con el psicoanálisis freudiano y algunas ideas de Lacan sobre el mundo imaginario, simbólico y real. De hecho, la secretaría de extensión universitaria de Psicología aprobó este curso. Por eso quiero agradecer esta oportunidad a Nicolás Elder y a la decana Soledad Cottone.

—¿Los profesionales que apertura tienen respecto a esta obra?

—Hay cada vez más gente interesada en la psicología analítica. Desde el público general a los psicólogos, antropólogos, periodistas. Hay un espectro amplio de interesados.

—¿Qué diferencia hay entre el psicoanálisis como lo conocemos y la metodología de Jung?

—Los dos métodos persiguen lo mismo: el bienestar de la persona. La diferencia es el cómo. El psicoanálisis trabaja con la asociación libre y en el método de la psicología analítica es la imaginación activa: se utilizan las imágenes internas y la relación de esas imágenes con mitos, leyendas, la cultura, el arte, la expresión artística, en definitiva, con el acto creador, y ese acto creador habla muchísimo de la subjetividad, del camino, la realización personal y de la trascendencia.

—¿Qué es lo que deberíamos conocer de Jung, en tu opinión?

—Por ejemplo, que leía de todo, desde filosofía china, celta, de los aborígenes de América del Norte y del Sur, filosofía india…Hizo muchísimos viajes a África, estudió idiomas nativos para poder comunicarse con otros pueblos. Era una persona curiosa por naturaleza.

—¿Cuánto tenían que ver estos intereses con su historia personal?

—Mucho. Su madre era espiritista. Hay que ubicarse en la época para comprender un poco más. Él nació en 1875 y falleció en 1961. Alrededor del 1900 el espiritismo era lo único opuesto o contrario a la Iglesia Católica Apostólica Romana. Su padre era luterano. Jung tenía acceso a biblias de todas las religiones, libros de todo tipo. Leía a los 10 años a Aristóteles, a Platón, en su casa había de todo para leer. Eso sin dudas abrió su curiosidad… La realidad es que quería ser arqueólogo pero sus padres no podían costear esa carrera. El era una persona pobre. Pero luego consiguió una pequeña beca y decidió estudiar medicina y posteriormente psiquiatría. Estaba, sin dudas, interesado en lo científico pero empezó a preguntarse qué había adentro, qué había en el inconsciente, en todo lo que pasa y pasaba con la vida interior. Y en los estudios de los pacientes con trastornos psiquiátricos encontró figuras mitológicas, de los sueños, los mandalas. Ahí descubrió conexiones únicas.

—¿Cómo aparece el Libro Rojo?

—Entre el año 13 y el 16 él tiene una serie de visiones que vuelca en las pinturas. De hecho, de esas expansiones de conciencia y a través de los sueños de sus pacientes obtiene un preanuncio de la Primera Guerra Mundial. Queda muy agobiado y comienza a poner todo eso en imágenes. La creación, el juego, tenían una relevancia enorme en su vida. Fue anotando cosas en libretas de tapas negras hasta que recogió ese trabajo y armó el Libro Rojo. Lo pinta, lo escribe con letra caligráfica medieval. Pero Jung no estaba “colgado”, como decimos. Se tomaba todo lo que pasaba por su mente con mucha seriedad y muchas veces se angustiaba. Se planteaba qué tenía, se preocupaba por su salud. En 2021 van a salir editadas las siete libretas de Jung. Mi objetivo es hacer conocer su obra en nuestro medio. Y que la universidad le de un espacio me inspira mucha confianza en que eso podrá lograrse. El de Jung es un mundo fascinante pero con los sustentos suficientes para ser aplicado en nuestras vidas para sentirnos mucho mejor.

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